Victoria’s Secret: del imperio de la lencería al cuestionamiento de su modelo de belleza
La marca pasó de vender ropa interior exclusiva a construir un fenómeno global basado en catálogos, desfiles y supermodelos, pero su relación con Jeffrey Epstein y las críticas a sus estándares corporales terminaron por acelerar su crisis.
Durante años, Victoria’s Secret no vendió únicamente lencería. La marca comercializó una imagen de belleza, sensualidad y lujo que convirtió a sus modelos en celebridades y a sus desfiles en eventos televisivos. Sin embargo, detrás de esa fantasía también se acumularon cuestionamientos sobre la presión ejercida contra las modelos, la falta de inclusión y los vínculos de su fundador, Leslie Wexner, con Jeffrey Epstein.
La historia comenzó lejos de las grandes pasarelas. En 1977, Roy Raymond abrió la primera tienda de Victoria’s Secret en California después de advertir que la ropa interior femenina se vendía en espacios poco atractivos y con una oferta limitada. Su idea consistía en crear una boutique elegante, inspirada en las tiendas europeas de lencería, donde los clientes pudieran comprar prendas sensuales sin sentirse incómodos.
El origen de Victoria’s Secret
Raymond eligió el nombre Victoria’s Secret para evocar la elegancia de la época victoriana y, al mismo tiempo, aludir al carácter íntimo de la ropa interior. La primera tienda fue decorada con paredes rosas, candelabros y alfombras, una estética muy distinta a la de los departamentos tradicionales.
La empresa comenzó vendiendo prendas de marcas refinadas, elaboradas con seda y encaje. Los precios eran elevados, porque la estrategia inicial buscaba presentar la lencería como un producto exclusivo. Además de las tiendas físicas, Victoria’s Secret impulsó un catálogo que permitía a las consumidoras hacer pedidos por teléfono o correo.
Las fotografías de las primeras publicaciones eran más discretas que las campañas posteriores. Las modelos aparecían con prendas que en ocasiones se acercaban más a vestidos que a la lencería provocativa por la que la marca se haría famosa.
La llegada de Leslie Wexner
Aunque las primeras tiendas atrajeron a numerosas clientas, los gastos de operación, decoración y producción colocaron a la empresa al borde de la quiebra. En ese momento apareció Leslie Wexner, fundador de The Limited, quien identificó el potencial comercial de Victoria’s Secret.
Wexner compró la marca por un millón de dólares y modificó su modelo de negocio. Sustituyó las prendas costosas de diseñador por productos fabricados en Asia con precios más accesibles, pero conservó la decoración lujosa y la imagen aspiracional de las tiendas.
La estrategia permitió que Victoria’s Secret creciera rápidamente. En pocos años, la compañía pasó de tener unas cuantas sucursales en California a operar más de un centenar de tiendas en Estados Unidos. El éxito también dependió de la transformación de sus catálogos, que comenzaron a presentar la lencería como una fantasía de sensualidad y sofisticación.
La creación de una fantasía
Cindy Fedus-Fields fue una de las ejecutivas que impulsaron el cambio en la imagen de la marca. Su propuesta consistió en abandonar el tono discreto de los primeros catálogos y construir una representación más seductora, inspirada parcialmente en Playboy y en la estética aspiracional de Ralph Lauren.
La estrategia no se limitó a mostrar ropa interior. Las campañas vendían la idea de que las consumidoras podían acercarse a una versión más segura, atractiva y deseable de sí mismas. Al mismo tiempo, los catálogos comenzaron a llamar la atención de un público masculino que los coleccionaba como revistas de fantasía.
El lanzamiento del Miracle Bra reforzó esa fórmula. Victoria’s Secret utilizó modelos reconocidas para promocionar el producto y convirtió la lencería en un fenómeno de entretenimiento. La compañía comprendió que las celebridades podían atraer más atención que las prendas mismas.
El desfile que cambió la industria
La marca trasladó su estrategia al escenario con la creación del Victoria’s Secret Fashion Show. El primer desfile se presentó en vivo y generó una amplia cobertura mediática, aunque todavía no se transmitía por televisión.
Al año siguiente, la compañía introdujo el Fantasy Bra, una prenda cubierta de piedras preciosas que fue presentada como una pieza de lujo. Claudia Schiffer fue una de las primeras modelos elegidas para llevarla, lo que convirtió al sostén en un recurso publicitario capaz de impulsar las ventas del catálogo.
Con el tiempo, la pasarela incorporó músicos y artistas internacionales. Sting, Mary J. Blige, Taylor Swift y Rihanna participaron en distintas ediciones, mientras que modelos como Tyra Banks, Gisele Bündchen, Heidi Klum, Adriana Lima y Alessandra Ambrosio se convirtieron en los rostros más reconocibles de la marca.
En 1999, un anuncio emitido durante el Super Bowl ayudó a multiplicar la atención sobre Victoria’s Secret. La campaña invitaba al público a seguir el desfile por internet, pero la página colapsó debido al número de personas que intentaron conectarse.
La relación con Jeffrey Epstein
Mientras Victoria’s Secret consolidaba su presencia mundial, Leslie Wexner estableció una relación profesional con Jeffrey Epstein. Epstein se presentó como un experto financiero y llegó a encargarse de inversiones y asuntos económicos del empresario.
Wexner le otorgó un poder notarial que permitía a Epstein firmar documentos y tomar decisiones en su nombre. La relación le dio a Epstein acceso a círculos empresariales y sociales de alto nivel, además de recursos y propiedades vinculadas con Wexner.
Epstein vivió durante un periodo en una mansión de Manhattan que Wexner había comprado. También utilizó otras propiedades relacionadas con el empresario, incluida una residencia en Ohio. Años más tarde, diversas mujeres señalaron que Epstein utilizó su supuesto vínculo con Victoria’s Secret para acercarse a jóvenes interesadas en convertirse en modelos.
Una de las denunciantes fue Maria Farmer, quien relató que sufrió un episodio de acoso en una propiedad de Ohio. Farmer afirmó que informó lo ocurrido a las autoridades y que la residencia pertenecía a Wexner. La denuncia no avanzó como esperaba y el caso se convirtió en uno de los elementos que alimentaron las preguntas sobre cuánto sabía el empresario acerca de las actividades de Epstein.
Las acusaciones contra ejecutivos
La relación entre Epstein y Victoria’s Secret también se relacionó con acusaciones contra Ed Razek, uno de los ejecutivos más influyentes de la compañía. Algunas modelos y exempleadas lo acusaron de comportamientos inapropiados, comentarios sobre sus cuerpos y acercamientos físicos sin consentimiento.
Una de las mujeres que habló públicamente fue Bella Hadid, quien señaló que Razek había realizado comentarios inadecuados sobre su cuerpo. Las acusaciones generaron presión pública y Razek dejó su puesto.
Al mismo tiempo, Wexner enfrentó cuestionamientos por sus vínculos con Epstein. El empresario afirmó que también había sido engañado y que cortó la relación después del arresto de Epstein. Sin embargo, la existencia de comunicaciones posteriores alimentó el debate sobre la duración y el alcance de esa relación.
El choque con el movimiento Body Positive
A partir de la década de 2010, los consumidores comenzaron a exigir una representación más amplia de cuerpos, tallas, edades, tonos de piel e identidades. Victoria’s Secret, en cambio, tardó en modificar la imagen que había construido durante décadas.
Las declaraciones de algunas modelos intensificaron las críticas. Adriana Lima habló sobre las restricciones alimentarias y de hidratación que seguía antes de los desfiles. Erin Heatherton contó que fue presionada para perder más peso y que esa exigencia afectó su salud mental.
Bridget Malcolm también relató que la presión por adelgazar la llevó a dejar de comer durante varios días y a desmayarse. Sus testimonios mostraron el costo que algunas modelos asociaron con los estándares corporales de la marca.
La campaña “The Perfect Body” recibió críticas por promover una idea limitada de la belleza. La respuesta de un ejecutivo, quien afirmó que Victoria’s Secret vendía una fantasía que no incluía a todas las mujeres, agravó la reacción pública.
La competencia de Savage X Fenty
La aparición de Savage X Fenty, la marca de Rihanna, cambió las expectativas del público. Sus campañas y desfiles apostaron por modelos con distintos tipos de cuerpo, tonos de piel e identidades, una estrategia que contrastó con la imagen tradicional de Victoria’s Secret.
La salida de modelos emblemáticas como Adriana Lima y Alessandra Ambrosio también debilitó la identidad de la compañía. En 2019, Leslie Wexner canceló el desfile, que durante años había sido uno de los eventos más importantes de la televisión estadounidense.
La marca intentó responder con una junta directiva integrada mayoritariamente por mujeres, tiendas más luminosas y campañas con perfiles diversos. También lanzó el colectivo VS, integrado por actrices, deportistas, activistas y modelos, y presentó “Victoria’s Secret World Tour”, una producción con elementos de documental y desfile.
Una reinvención con resultados desiguales
La empresa recuperó posteriormente su desfile con modelos de tallas diversas y figuras trans. También invitó nuevamente a algunas Angels conocidas para combinar nostalgia con una imagen más contemporánea.
Sin embargo, el regreso reunió cerca de dos millones de espectadores, una cifra inferior a la de años anteriores. La compañía ha buscado mantener algunos elementos de su identidad, como las campañas de lencería y trajes de baño, pero con un tono menos rígido y una representación más amplia.
El caso de Victoria’s Secret muestra cómo una marca puede transformar la cultura popular y, al mismo tiempo, quedar atrapada en la imagen que la hizo poderosa. La empresa construyó un ideal de belleza que durante años fue presentado como aspiracional, pero terminó siendo cuestionado por su falta de inclusión y por los efectos que ese modelo tuvo sobre algunas de sus propias modelos.
La compañía continúa operando y busca adaptarse a las nuevas expectativas del mercado. Su desafío consiste en conservar el atractivo comercial de la sensualidad sin volver a los estándares extremos que contribuyeron a su crisis de reputación.


