Los comerciantes del Centro Histórico de Durango le cierran la puerta a Durango de Rol
CANACOPE rechaza que Durango de Rol regrese al Centro Histórico. Los comerciantes recuerdan cierres, caídas en ventas y rutas alteradas. Ahora proponen Las Moreras y el municipio tendrá que elegir
Hay programas que llegan con buenas intenciones y se van dejando facturas sin pagar. Durango de Rol fue uno de ellos, al menos para los comerciantes del Centro Histórico de la capital duranguense.
La idea era noble: devolver las calles a la gente, crear espacios de convivencia, hacer de la ciudad algo más habitable. Nadie discute ese propósito. El problema llegó cuando el programa aterrizó en una de las zonas comerciales más activas de Durango y los negocios comenzaron a cerrar el día con números en rojo.
Una herida que no ha cerrado en los comercios
Lourdes Macías, presidenta de la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (CANACOPE), no habla con rabia sino con cansancio. Los comerciantes, dice, no están en contra de que la gente disfrute la ciudad. Están en contra de pagar el costo de que otros la disfruten.
Durante la edición anterior de Durango de Rol, los cierres viales alteraron la circulación en el primer cuadro de la ciudad. Las rutas del transporte público se modificaron. Los clientes habituales dejaron de llegar. Las ventas cayeron.
Es el tipo de daño que no aparece en ningún boletín oficial pero que sí aparece en la contabilidad de quienes llevan décadas construyendo un negocio en el centro de Durango.
Las Moreras como salida, no como renuncia al programa
La CANACOPE no llegó a quejarse sin más. Llegó con una propuesta: trasladar Durango de Rol a la zona de Las Moreras, un espacio con capacidad para absorber ese tipo de actividades sin desarticular la economía del centro ni complicar la vida de quienes dependen del transporte público para llegar hasta allí.

Este último punto no es menor. Macías lo subrayó con intención: los adultos mayores que toman el camión cada día para llegar al mercado, al banco o al médico no deberían convertirse en el daño colateral de un programa pensado para el bienestar ciudadano. La movilidad urbana no es un detalle técnico. Es una cuestión de equidad.
La ciudad que no termina de ponerse de acuerdo
Durango de Rol expone una tensión que muchas ciudades mexicanas conocen bien y pocas han sabido resolver: el conflicto entre la ciudad que se quiere construir y la ciudad que ya existe. Entre el espacio público como derecho colectivo y el espacio público como condición de vida para quienes trabajan en él.
Las autoridades municipales tienen ahora una decisión que tomar. Pueden insistir en el Centro Histórico y asumir el costo político de ignorar al sector comercial. Pueden apostar por Las Moreras y explorar si el programa funciona igual de lejos del corazón de la ciudad. O pueden sentarse a negociar algo que hasta ahora nadie ha intentado: un modelo que no obligue a elegir entre la fiesta y el sustento.
Lo que no pueden hacer es fingir que la edición anterior no dejó ninguna lección.