500 millones y una pregunta: ¿qué tan rentable es la Feria de Durango?

Por Danny Medina
Un hombre levanta una cerveza y dice una frase que en Durango se escucha cada verano como si fuera un eslogan no oficial de la Feria Nacional: “Ahora sí se está moviendo el dinero”. Lo dice mientras busca una mesa libre entre familias, comerciantes, músicos y adolescentes que caminan con esa mezcla de prisa y calma que solo existe en una feria. A unos metros, un vendedor hace cuentas en una calculadora. Sonríe. No porque haya terminado la jornada, sino porque todavía falta la mitad de la noche.
Las ferias siempre han tenido un extraño talento para convertir las percepciones en verdades. Si hay filas, la economía marcha. Si hay estacionamientos llenos, el éxito está garantizado. Si los conciertos abarrotan la Velaria, entonces la inversión valió la pena. Pero las cuentas públicas rara vez son tan sencillas como la sensación de una noche llena de gente.
Por eso llama la atención la declaración que hizo el gobernador Esteban Villegas durante una entrevista con Adela Micha. Sin esperar al cierre oficial de la edición 2026, adelantó una cifra que cambia por completo la conversación: la Feria Nacional Francisco Villa podría generar una derrama económica de 500 millones de pesos.
No es un dato cualquiera. Es, de confirmarse, la cifra más alta asociada a la actividad económica de la feria en la última década. Y también obliga a mirar hacia atrás, porque la historia financiera de la Fenadu está llena de cambios de discurso, distintos métodos para medir el éxito y números que pocas veces son comparables entre sí.
Hubo años en los que el gobierno hablaba de utilidades. Es decir, del dinero que quedaba después de pagar gastos. En 2016 la utilidad apenas superó el millón de pesos. En 2017 se celebró una ganancia cercana a los seis millones. Para 2019 se anunció una utilidad superior a los 9.6 millones, impulsada principalmente por eventos y la tradicional subasta ganadera.
Después llegó otro lenguaje.
Con el paso de los años comenzaron a aparecer términos como derrama económica, un indicador mucho más amplio que incluye el dinero que circula en hoteles, restaurantes, transporte, comercios y servicios gracias a la llegada de visitantes. Ya no se hablaba únicamente de cuánto ganaba el patronato, sino del impacto económico que dejaba el evento en toda la ciudad.
Ahí las cifras cambiaron de dimensión.
En 2022 se habló de una derrama de 240 millones de pesos, aunque las autoridades aclararon que eso no significaba utilidad para la feria debido a los gastos de mantenimiento del recinto. En 2024 la cifra subió hasta 271 millones. Para 2025 el reporte volvió a cambiar de enfoque y se informaron 22 millones de pesos en ingresos, destinados principalmente a conservar las instalaciones.
Ahora aparece el número de los 500 millones.
La diferencia no solo es estadística. También refleja cómo ha evolucionado la propia feria. Hoy la Fenadu apuesta por artistas internacionales, espectáculos gratuitos, mayor promoción turística y una estrategia que busca atraer visitantes de otros estados. El objetivo ya no parece ser únicamente cerrar con números negros en la administración del recinto, sino convertir a la feria en un motor económico para hoteles, restaurantes, comercios y servicios.
El asunto, sin embargo, merece una precisión importante.
Comparar directamente las cifras de los últimos diez años puede conducir a conclusiones equivocadas porque no todas miden lo mismo. Una utilidad de nueve millones no puede ponerse frente a una derrama de 271 millones como si fueran indicadores equivalentes. Tampoco unos ingresos de 22 millones representan el impacto total de la actividad económica que genera un evento de esta magnitud.
Esa diferencia explica por qué durante años parecía que la feria ganaba poco, mientras miles de negocios aseguraban haber tenido una de sus mejores temporadas.
Quizá esa sea la verdadera transformación. Antes el éxito se medía con el dinero que quedaba en las cuentas del patronato. Hoy se intenta medir con el dinero que circula por toda la ciudad.
Si la proyección de 500 millones de pesos termina confirmándose al concluir la edición 2026, la Fenadu no solo habrá establecido un nuevo récord económico. También consolidaría un cambio de narrativa: dejar de ver la feria únicamente como un evento de entretenimiento para entenderla como una de las principales plataformas de actividad económica de Durango.
Porque al final, mientras los economistas discutirán metodologías y los funcionarios presentarán balances, el comerciante que sigue haciendo cuentas en su calculadora probablemente utilice un indicador mucho más sencillo.
Si al terminar la feria puede volver a abrir su negocio el próximo año con mejores números que el anterior, para él las estadísticas ya habrán dado su respuesta.
