“La credibilidad no se hereda ni se impone”: la periodista que le habló sin eufemismos al poder desde el Congreso de Durango
Libertad de prensa · Durango
Carmen Aide Quintero Quiñones, presidenta del Colegio de Licenciados en Comunicación, usó el Día de la Libertad de Expresión para señalar ante los diputados algo que pocos se atreven a decir en voz alta: que celebrar no basta si los periodistas siguen ejerciendo su oficio con miedo.
Carmen Quintero pronunció su discurso ante diputados, autoridades y representantes de medios en el Congreso del Estado de Durango. / Colecc Durango
Hubo un momento, casi al final del discurso, en que Carmen Aide Quintero Quiñones dejó de hablar como presidenta de un colegio profesional y comenzó a hablar como lo que también es: una comunicadora que conoce el peso de informar en un país donde hacerlo puede costar la vida. Fue ese instante el que definió la mañana del domingo en el Congreso del Estado de Durango.
El escenario era, en apariencia, el habitual. Un acto institucional, una tribuna, autoridades en primera fila, aplausos protocolarios. Pero Quintero Quiñones, presidenta del Colegio de Licenciados en Comunicación de Durango (Colecc), tenía algo distinto preparado. No un discurso de celebración. Sino una interpelación.
“Cuando un periodista calla por miedo, toda la sociedad pierde.”
Carmen Aide Quintero Quiñones · Colecc Durango
El Congreso como espejo: un escenario que no era casual
Que la conmemoración del Día de la Libertad de Expresión se celebrara dentro del recinto legislativo fue, desde el inicio, parte del argumento. Quintero Quiñones lo señaló con precisión: el Congreso es el espacio donde las palabras se transforman en acuerdos, donde los derechos adquieren forma jurídica. Hablar de libertad de prensa ahí, frente a quienes tienen la capacidad de legislarla o de ignorarla, tenía un propósito concreto.
La comunicadora invocó a Francisco Zarco, periodista y legislador del siglo XIX que defendió la libertad republicana desde la prensa y desde la propia Cámara. No como adorno histórico. Sino como recordatorio de que esta discusión tiene raíces profundas en México, y que cada generación está obligada a ponerse a su altura.
Contexto
México se mantiene entre los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Según organizaciones internacionales de libertad de prensa, decenas de comunicadores han sido asesinados en los últimos años. Durango no es una excepción a esa realidad nacional.
Sin eufemismos: el diagnóstico que los presentes no esperaban escuchar
Quintero Quiñones no evitó el diagnóstico incómodo. Describió un entorno polarizado donde la crítica se confunde con ataque, la diferencia de opinión se interpreta como agresión, y la velocidad de la información supera con frecuencia a la reflexión. Un periodista puede ser cuestionado por opinar, descalificado por preguntar, señalado por informar. “Y aun así, seguimos”, dijo.
Ese “seguimos” no sonó a resignación. Sonó a declaración de principios. Porque Quintero también se volvió exigente con su propio gremio: el compromiso de quienes comunican no es con el rumor ni con la desinformación, sino con la verdad y con la ética profesional. “La credibilidad no se compra, no se hereda, no se impone. Se construye todos los días en la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.”
Fue una autocrítica tan nítida como el llamado que dirigió a continuación hacia las instituciones.
El llamado que no admite dilación: proteger a quienes informan
El tramo más crítico llegó cuando Quintero Quiñones abandonó la reflexión para hacer un llamado directo a todas las autoridades presentes. La protección a periodistas, dijo, no puede seguir siendo letra en un protocolo o buena intención en un discurso. Debe ser visible en las acciones, debe manifestarse en instituciones que funcionen, debe traducirse en mecanismos reales.
“La autoridad moral no nace en una cámara ni de un micrófono. Nace de la coherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones.”
Carmen Aide Quintero Quiñones · Discurso en el Congreso del Estado de Durango
Quintero Quiñones cerró con la frase que ya circula entre comunicadores locales como síntesis de todo lo dicho: “Las voces de hoy serán las memorias de mañana.” No como promesa. Sino como responsabilidad histórica: la de contar bien, con valentía y con honestidad, las historias que esta época necesita que alguien cuente.
La pregunta que quedó flotando en el recinto legislativo —y que nadie respondió ese día— es si los diputados y autoridades presentes escucharon el discurso como cortesía protocolaria o como la interpelación directa que era.