agosto 12 2026

La estatua costó más que la plaza: 17.9 millones de pesos y todavía falta contar el mega balón

Por Danny Medina

Hay algo curioso en las obras públicas del Ayuntmiento de Durango: uno puede caminar tranquilamente por una plaza, sentarse en una banca, mirar una estatua de cuatro metros y pensar que todo forma parte del mismo paquete. Una plaza, una escultura, unas bancas, unas luces, unos andadores. Todo junto. Todo bonito. Todo pagado.

Hasta que aparecen los números.

Y entonces la estatua deja de ser solamente una estatua.

La nueva escultura de la Plaza de la Familia en Durango tuvo un costo de 9.4 millones de pesos. La construcción de la propia plaza representó otros 8.5 millones de pesos. Es decir, entre la plaza y la estatua se gastaron 17.9 millones de pesos de recursos públicos.

Diecisiete millones novecientos mil pesos.

Y todavía falta sumar una pieza del rompecabezas: el famoso mega balón conmemorativo instalado en el Parque Lineal con motivo del Mundial de 2026, cuyo costo tampoco está incluido en esos 17.9 millones.

Aquí conviene detenerse un momento, porque la primera confusión que puede producirse es pensar que los 9.4 millones forman parte de los 8.5 millones. No.

Son dos gastos distintos.

La plaza costó 8.5 millones.

La estatua costó 9.4 millones.

Juntas: 17.9 millones.

Y ahora sí empieza lo interesante.

Porque la estatua terminó costando 900 mil pesos más que la propia plaza.

Es una comparación bastante difícil de ignorar. La Plaza de la Familia, con sus andadores, bancas, iluminación y trabajos de urbanización, costó 8.5 millones. La escultura de bronce, por sí sola, costó 9.4 millones.

La estatua salió más cara que el lugar donde la pusieron.

No es una metáfora. Es la cuenta.

Y uno puede imaginar la escena. Alguien pregunta cuánto costó la plaza.

—Ocho millones y medio.

Ah, bueno.

Luego pregunta por la estatua.

—Nueve millones cuatrocientos mil.

Perdón, ¿qué?

Es de esas respuestas que obligan a revisar dos veces la calculadora, porque el cerebro se queda unos segundos intentando acomodar las cifras.

La discusión, desde luego, no debería convertirse en una pelea contra el arte. Sería demasiado fácil y, además, sería equivocarse de asunto. Una ciudad puede invertir en cultura, monumentos y esculturas. Puede decidir que una pieza artística merece ocupar un espacio público y convertirse en parte de su paisaje.

Perfectamente.

Lo que resulta menos sencillo de explicar es por qué una escultura termina costando más que toda una plaza.

Y ahí entra el dinero público.

Porque cuando la obra se paga con recursos de los ciudadanos, la pregunta deja de ser si la estatua es bonita. Incluso deja de ser si gustará dentro de diez años. La pregunta más elemental es cuánto costó y por qué.

Nueve millones cuatrocientos mil pesos.

Ese es el dato que debería estar sobre la mesa, con la misma facilidad con la que podemos ver los cuatro metros de bronce.

Porque la estatua está perfectamente a la vista.

El precio también debería estarlo.

Y todavía hay otro detalle que hace que la cuenta resulte más llamativa: el mega balón conmemorativo del Mundial de 2026.

Está ahí. Gigante. Imposible no verlo. Es de esas cosas que uno puede encontrar incluso sin preguntar dónde está porque parece diseñado precisamente para eso: para que nadie tenga dudas de que está ahí.

Lo que no está igual de visible es cuánto costó.

Así que, por ahora, tenemos una plaza de 8.5 millones, una estatua de 9.4 millones y un mega balón cuyo costo falta por conocer.

La suma conocida es de 17.9 millones.

La desconocida todavía puede crecer.

Y quizá ese sea el verdadero problema de toda esta historia. No que haya una estatua. No que haya un balón. No que se haya construido una plaza.

El problema es que mientras las obras son enormes, coloridas y perfectamente fotografiables, la información sobre cuánto costaron suele venir en letra pequeña, cuando viene.

Una escultura de cuatro metros no pasa desapercibida.

Una factura de 9.4 millones tampoco debería.

Aquí no hace falta ser enemigo del gobierno, enemigo del arte o especialista en presupuestos. Basta con ser contribuyente y tener una calculadora a la mano.

Porque 8.5 millones más 9.4 millones son 17.9 millones.

Eso, antes de contar el balón.

Y mientras uno intenta imaginar qué se podría hacer con 17.9 millones de pesos, la estatua permanece inmóvil, elegante, enorme, probablemente acostumbrándose ya a ser parte del paisaje.

Tiene una ventaja sobre nosotros.

Ella no necesita preguntar cuánto costó.

Los duranguenses sí.