Antes de que el mundo conociera la televisión a color, un niño solitario en la Ciudad de México inventaba generadores eléctricos y juguetes con chatarra. Su nombre era Guillermo González Camarena y su historia es una de las más sorprendentes —y menos contadas— del ingenio mexicano
En una época donde la electricidad fallaba con frecuencia y la tecnología parecía un privilegio lejano, un niño mexicano pasaba las tardes encerrado en el sótano de su casa. No jugaba en la calle ni corría con otros niños. Prefería cables, focos, motores improvisados y piezas compradas con sus ahorros en Tepito y La Lagunilla. Su nombre era Guillermo González Camarena, y sin saberlo, estaba a punto de regalarle color al mundo.
Desde pequeño, Guillermo mostró una mente inquieta. Ante la falta de electricidad en su hogar, decidió resolver el problema por sí mismo: construyó una planta eléctrica casera para iluminar su casa. No era un experimento escolar, era una necesidad convertida en invento. Para entretenerse, diseñaba sus propios juguetes eléctricos, mientras otros niños lo observaban con burla.
Un genio incomprendido
Las burlas no tardaron en convertirse en acoso. Le lanzaban cáscaras de naranja por considerarlo “raro”, siempre encerrado, siempre inventando. Cansado de eso, Guillermo tuvo una idea tan ingeniosa como temeraria: electrificó la cerca de su casa para ahuyentar a sus agresores. No era venganza, era creatividad aplicada a la defensa.
Años después, decidió estudiar ingeniería sin imaginar que ese camino lo llevaría a cambiar la historia de los medios. En aquel entonces, el mundo solo conocía transmisiones en blanco y negro. Pero Guillermo tenía una obsesión clara: ver la realidad tal como es, llena de colores.

El nacimiento de la televisión a color
Su mayor logro fue la creación de un sistema capaz de transmitir imágenes a color, una innovación revolucionaria para su época. El problema no fue técnico, sino económico. No tenía dinero para patentar su invento. Entonces recurrió a otro talento poco conocido: la música.
Guillermo componía canciones y cobraba regalías. Una de ellas, Río Colorado, le permitió reunir el dinero suficiente para patentar lo que hoy damos por hecho: la televisión a color. A pesar de recibir ofertas internacionales para vender la patente, se negó. Su sueño era desarrollarla en México.
México, el laboratorio del color
Las primeras transmisiones experimentales se realizaron en el Canal 5, y si alguna vez viste las siglas XHGC en la pantalla, no fue casualidad: corresponden a González Camarena. Su apellido quedó grabado en la historia de la televisión mexicana.
Pero su ingenio cruzó fronteras. La NASA adoptó uno de sus sistemas para transmitir las primeras imágenes de la Luna, llevando el talento mexicano literalmente al espacio.
El legado que más lo enorgullecía
A pesar de sus logros tecnológicos, Guillermo tenía claro cuál era su mayor orgullo: la creación de la telesecundaria en México. Creía firmemente que la televisión debía servir para educar, especialmente a los sectores más marginados del país. Para él, la tecnología sin impacto social no tenía sentido.
Un final trágico, un legado eterno
Todo parecía ir bien hasta que una noche, tras convivir en casa del compositor Agustín Lara, Guillermo sufrió un accidente automovilístico. Tenía solo 48 años. Decenas de proyectos quedaron inconclusos, pero su legado ya era inmortal.
Guillermo González Camarena no solo hizo historia: nos enseñó a ver el mundo con todos sus matices. Su vida fue prueba de que incluso desde un sótano, con ingenio y perseverancia, se puede cambiar al planeta entero.